viernes, 13 de febrero de 2009

Un nuevo llamado de atención a la humildad.

Pablo tiene muy buenas ideas y una actitud difícil. Todos soportan su actitud porque saben que normalmente es buena persona y es muy inteligente, pero él no puede notar su problema porque es absolutamente inconciente.

Hay ciertos gestos que la gente copia desde la infancia y después usa de una manera involuntaria. Él tiene un gesto muy molesto para los demás. Es muy guapo pero cuando ese gesto de desagrado aparece en su rostro...desagrado y arrogancia, todos sienten que lo odian. Para Milán Kundera los gestos de los individuos son una inspiración para nuevos personajes, si Kundera tomara el gesto de Pablo para crear un personaje, realmente sería un personaje vil.

Hoy Pablo tuvo una reunión con una persona que admira por su experiencia y su trabajo. Es uno de los jefes de la oficina con un carácter muy fuerte y, es ese carácter fuerte de ambos lo que los mantiene separados y casi en competencia. Sin embargo, desde hace un tiempo Pablo se resignó a aceptar que en el fondo siente admiración por ese jefe y ha tomado una actitud más pasiva. Están reunidos para revisar un artículo que Pablo escribió hace tiempo y el jefe hace la supervisión. Digamos pues que son co-autores. Es una reunión de poca importancia en términos reales, pero muy importante en la simbología de Pablo.

Llegó a la reunión entusiasmado porque quería realmente trabajar con esa persona, pero al llegar, ese hombre que tanto admira, lo miró con desidia y empezó a hablarle rápido sobre los errores que habían en el artículo. El gesto odiado de Pablo apareció inconcientemente en el rostro y el jefe empezó a hablarle con más énfasis...

Estamos ahí con ellos, en una situación cotidiana de oficina. Una explosión de egos y frases célebres sobre temas profundos. Defienden sus puntos de vista con furia y en un momento el jefe toma su posición de mando y hace un llamado de atención a Pablo.

- ¿Por qué es tan difícil trabajar con usted? Le pregunta.
- Pablo cambia su rostro inmediatamente y se dedica a asentar con la cabeza evitando el contacto visual.

Se marcha humillado.

- ¿Por qué siempre quiero ir rápido? ¿por qué cierro mis ojos y empiezo a correr tras la meta sin detenerme a pensar? ¿por qué lucho siempre con tanta fuerza como si me estuvieran atacando? - Reflexiona.

No es la aventura más grande del mundo, es una simple situación cotidiana en la oficina, pero se siente tan humillado que cree haber aprendido algo... y eso sí es novedoso, no se aprende algo nuevo todos los días en la oficina.

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