sábado, 7 de febrero de 2009

La sonrisa


Yo le temo a la calle y a la gente. Sé que no es bueno vivir así pero es inevitable.

Un hombre va caminando serio. Tiene ese gesto en el que las cejas se juntan y hacen una arruguita en la frente. Además del gesto tiene un rostro brusco, fuerte y una mirada encogida, amarilla, sin brillo, sin horizonte, como si estuviese enfermo pero luchando. Una mirada que ve las cosas hoy y ahora, sin futuro y sin nostalgia del pasado. De esas que te dan miedo porque parecen ser capaces de cualquier cosa.

Se sube a un bus lleno de gente, lleva dos bolsas no muy grandes y negras en la mano, se nota que están pesadas. Yo, que voy sentada en la primera silla junto a la puerta, lo veo que sube y pienso: si viese a ese hombre caminando en la calle me cruzaría de andén inmediatamente.

Tiene la piel con cicatrices y mis ojos juzgan esas bolsas misteriosas. El bus avanza y el hombre con sus bolsas no encuentra la manera de sostenerse...no se ve angustia en su rostro sino enojo.

Lo pienso un segundo. Si estuviéramos en la calle él me robaría...pero aquí no puede hacerme nada.

Necesita ayuda? Le pregunto.

Sube la mirada agresiva y al verme, sonríe de una manera tan brillante que todo su rostro cambia. Veo su alma disfrazada con ese rostro enojado, me pasa las bolsas y dice gracias. Su sonrisa me recuerda a un lindo niño con el que salía antes.

Con sus manos ahora libres se acomoda de pie en el bus. Me mira de vez en cuando para confirmar que sus bolsas están a salvo.

Llegamos a "Siloé" donde se bajan casi todos los pasajeros, entre ellos él, que me pide las bolsas y me mira sonriente a los ojos... no sé porque logró sonrojarme...creo que sentí que así como yo vi su alma, él vio la mía...

No fingí sequedad. A veces lo hago para mostrar que ayudé por cortesía y no por algo personal. Lo miro y un poco rojita le sonrio también. Fue un gesto sutilmente coqueto, sentí que a los dos nos daría alegría recordar ese corto momento en el que detrás de los prejucios de ambos, sólo somos dos personas más, que se sonrien...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sus comentarios están llenos de anónimos, seré uno más pero siempre será el mismo.
No sé por qué se me oprime el corazón cuando la leo en este tipo de situaciones, creo que vive su sensibilidad a flor de piel, es algo muy... bonito por así decirlo, usted me recuerda a alguien, una niña linda no con la que salía sino por la que estaba loco, no sé que pasó y no sé por qué le abro mi alma en este momento, tal vez porque la extraño y solo se lo diré a alguien que ni conozco.
Gracias