martes, 26 de abril de 2011

Despedir a un amigo


Ni siquiera sé cómo empezar esta entrada. Quiero pensar que le hablo a uno de mis amigos. De esos que tengo contaditos con los dedos de la mano.

¿Y qué le puedo contar a mi amigo? Pues que hoy estoy muy triste. ¿Por qué? (Preguntaría un buena amigo). Porque hoy me despido de la mejor amiga que tengo en Holanda, mi pequeña francesa.

Mi buen amigo NO diría: "pero eso no es nada, la puedes visitar" o "tranquila van a seguir siendo amigas". Mis buenos amigos saben, que lo triste es que cuando un amigo se va, uno pierde la cotidianidad con esa persona, la oportunidad de llamarla simplemente para pasar el rato. Uno sí pierde algo y lo que se pierde es valioso. Claro, no es tan grave... pero yo creo que desde niña aprendí que cuando la gente se va... todo cambia. Entonces, tengo que confesar en esta entrada, confesarle a mis amigos, que odio las despedidas! Que les tengo un miedo atroz! Las despedidas son despiadadas y mentirosas! Cuando la gente se va, se va. Es un hecho. Quedan otras cosas: los recuerdos, el nuevo hogar que esta persona te ofrece en el mundo, la esperanza de volverse a ver y en fin... Pero yo creo que a la despedida hay que hacerle el luto. Hay que darle el peso que se merece, así sea por unos minutos.

Así pues, estaba estudiando para mi examen de mañana, pero mi amiga me invitó a comer y tomarnos un descanso de dos horas. Volví a casa y no pude estudiar más. Tenía un nudo en el pecho. Esa fue mi última cena con mi amiga en Wageningen. Y me doy cuenta que, de un día para otro, pasaré de verla todos los días a verla una vez por año, si tenemos suerte...

Cuando llegué acá, sabía que todo era temporal. Por eso he vivido mi experiencia con la intensidad y la pasión que amerita la vida y la conciencia de lo efímero que es el tiempo. La única persona que aceptó ese reto conmigo fue mi amiga. Y juntas la hemos pasado delicioso. Ahora que ella se va, es como que alguien me ha reventado mi burbuja y me doy cuenta que nunca me imaginé que lo más valioso de esta experiencia era conocer nuevas personas y crear nuevos amigos.

Las despedidas son cachetadas de realidad. Y no podemos dejarlas pasar como si nada. Vale la pena reflexionarlas... Mi amiga se va. Me ha dejado un hueco enorme en mi realidad en Holanda... Ese hueco me ha recordado el hueco que tengo por estar lejos de la gente que quiero en mi país. Los dos huecos se han juntado y han creado un agujero enorme de tristeza. El examen ha pasado a segundo plano. Quise ser fuerte y olvidarme de lo que siento. Traté de estudiar, pero estoy cansada de ser fuerte. Quise hablar con un amigo. No encontré a nadie disponible. Encontré este espacio para expresarme... pero no hay respuestas, sólo silencio.

Sólo quiero dos cosas ahora: un fuerte abrazo, comprensivo y sin sermón y un cigarrillo. Parece fácil, pero honestamente son dos cosas casi imposibles de encontrar en este momento.

No hay comentarios: