lunes, 8 de junio de 2009

Adios suiza

Y a las 5.20am salió el sol, pero yo no reaccioné sino hasta una hora después, cuando ya me había despedido de todos, cuando el sol ya estaba en su lugar habitual y yo ya estaba sola.

Odio esa sensación. Es como que perdí el momento…perdí el sentimiento que acompaña el momento… entonces el sentimiento llega tarde, cuando por fin tienes un poco de tiempo y piensas: pero, ¿por qué diablos no los abracé por más tiempo o más fuerte? ¿por qué no les demostré que en realidad sentía una gran tristeza de dejarlos y que estaba muy agradecida por todo?

Claro, siempre es igual en estas situaciones…la inmediatez del check in, de la inmigración, el abordaje…al final te olvidas de vivir el momento, por pensar en cumplir con los requerimientos… odio que los requerimientos me arrebaten el momento…

No sé cómo será para él. Sólo han pasado 14 minutos y ya lo extraño. Tantos momentos arrebatados por los requerimientos… tantos.

Sabía que cuando todo pasara, cuando por fin tuviese un momento para pensar, la depresión me apretaría los huesos desde adentro. Era inevitable…

El aeropuerto está un poco vacío a esta hora. Dos hombres monos y altos hablan en alemán a pocas sillas frente a mí. Acaban de encender las luces de la sala de espera y una señora con rasgos hindúes limpia el piso. A diferencia de Colombia, las personas que trabajan en los oficios de limpieza o vigilancia, especialmente los inmigrantes, no son amables, cuando los miras no te sonríen. Creo que parecen enojados.

Venir a Ginebra ya no me parece increíble. Algo en mí lo aceptó con una naturalidad estúpida. Hace tres meses era casi un sueño. Hace un mes estaba entrando por este mismo aeropuerto y ya no estaba nada sorprendida. Ahora me voy y sigo pasmada, pero cuando pienso en las personas que conocí, en los momentos que pasé con ellas… esa sí es una sorpresa.

No sé si esos momentos eran posibles en otro país, pero cuando los recuerdo no pienso en Suiza como el país, sino en una casa con una niña monita que me sonreía o un perro que quería caricias, pero que esperaba pacientemente detrás de la puerta. En los largos días o las noches llenas de luz. Pienso en el atardecer de las 9 de la noche... Pienso en un cuarto pequeño, con una pequeña ventana decorada con un vitral y él ahí, dormido profundamente... me detengo a saborear este recuerdo... y luego...

Pienso en un ciervo corriendo, un tejón caminando junto a la carretera, un zorro caminando en la ciudad tranquilamente con un pedazo de comida en la boca…

No sé qué diablos pensaba antes de venir… creo que pensaba más en la ciudad misma, en los edificios, o en los paisajes, pero no pensaba en lo que hay adentro. Por eso la Suiza de las postales no me ha tocado tan en el fondo como las personas, mis amigos, los animales, los detalles que no aparecen en la publicidad…

Llevo en mi portátil como 1400 fotos. En estos viajes hay tantos requerimientos (que me hacen perder los momentos) que me obsesiono por fotografiar todo, para que no se me olvide tan rápido. No sé si es una buena estrategia del todo, porque se vuelve otro requerimiento…

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